sábado, 3 de marzo de 2007

Películas del vulgo, segunda parte.

Hace un tiempo subí una entrada sobre esas tontas películas hollywoodenses a las que he aprendido a amar, pero sin darme cuenta terminé haciendo una lista de películas que, por intentar buscarles algo en común, y lejos de la idea original, podría decir que tienen grandes escenas con grandes canciones que pasaron a la historia.
Es que al hablar de películas (y libros también), me es difícil clasificar porque son tantas las que merecerían estar en una lista de mis favoritas. Es por eso que decidí hacer varias listas, que iré subiendo de a poco, pensadas bajo los más arbitrarios y antojadizos criterios, para poder nombrar las películas que quiera nombrar, y no las que deba, cosa tanto más aburrida y que se presta para que muchas se me queden en el tintero.
Hoy intentaré capturar la esencia de la lista anterior, para continuarla con aquellas películas que faltaron.
1. No es otra tonta película adolescente.
Para serle fiel a la idea original de las películas tontas, es imposible no incluir el clásico de clásicos, The breakfast club, conocida también como El club de los cinco. Pero seré sincera, para mí esta película no es tonta y tiene un valor incalculable. Además de una espectacular banda sonora que incluye el temón Don’t you forget about me, que me emociona cada vez que aparece por la radio, esta película es el resumen y la obra magna de los ochenta. Cinco estudiantes son castigados y deben pasar todo un sábado en una sala de clases, se conocen, se hacen amigos y hasta se enamoran. Hermoso. Para qué hablar de los protagonistas, las indiscutibles estrellas de la época que, junto a la guapa Demi Moore, formaron el mítico Brat Pack, un grupo de adolescentes actores que eran grito y plata, que lo tenían todo y se daban LA vida, reventándose hasta el hartazgo y viviendo en los más caros hoteles. Los ochentas no hubiesen sido ni la sombra de lo que fueron de no ser por la mítica colorina Molly Ringwald (nunca puedo recordar el apellido, gracias Google), y no se quedan atrás Emilio Estévez (qué puedo decir de EMILIO ESTÉVEZ) y Judd Nelson, oh Judd... Judd... que hace de esta película un clásico gracias a su personaje, el inolvidable rebelde Bender, que pasó a la historia con frases como “Eat my shorts” y “It will be anarchy!!”. Mención especial para Allison, la niña freak que tanto quiero.
Fue un real placer reencontrarme con esta película que vi tantas veces en La red durante mi infancia (típica película del 4, mientras en el 13 daban incansablemente “Querida, encogí a los niños” y “Mira quién habla” y en el 7 “Mi pobre angelito”), pero que injustamente había olvidado. Sólo sabía, cuando veía los comerciales, que yo había visto esa película porque las escenas “me sonaban”. Verla entera nuevamente y recordar cada detalle me hizo reencontrarme con una película que tomó un sitial importante en mis influencias audiovisuales, explicándome tantos otros gustos posteriores. Además, es lindo pensar por un rato que la high school gringa no es tan mierda, que los adolescentes pueden dejar de ser crueles entre ellos y hacerse grandes amigos a pesar de las diferencias (y aquí ya no hablo de zonas geográficas específicas) y que todos tenemos dentro a una freak, un cerebro, un atleta, una princesa y un criminal... un BREAKFAST CLUB !!!
2. ¿Chupa la callampa?
Y porque la lista anterior casi termina siendo explusivamente de musicales, y porque la lista anterior casi termina siendo una oda a Travolta, infaltable es el clásico de los clásicos (y éste si que es clásico de los clásicos)... GREAAASE. El que no ha visto esta película puede comenzar a dibujar una ele en su frente, y a reconocer su condición de aislado de la cultura pop y, simplemente, de la cultura.
No me importa lo que digan, a esta película yo también la amo, y simplemente no diré nada más, porque con ese movimiento pélvico que tiene Travolta y esas inolvidables canciones, las palabras sobran.
Grande Grease, grande grande grande grande, grandísima Grease. Con ustedes, una de las escenas más influyentes en nuestra memorabilia.


3. Make love, not war.
Continuando con la cultura pop, con la música y con las películas cuyo aporte cultural se ha puesto en duda, es imposible no mencionar Hair, un musical de Broadway que se adaptó magistralmente al cine. Está bien, sé que películas sobre la paz y la guerra (nótese cómo le hice al quite a la referencia tolstoiana) hay muchas, y que esas muchas seguramente entregan el mensaje de mejor manera que este desesperado intento de Broadway de integrarse al mundo en un momento en que todos estaban aburridos de los glamorosos musicales que parecían hechos a años y kilómetros de distancia de todo lo que pasaba en ese entonces. Pero qué importa, si igual la película es de esas que quedan en la cabeza, y uno igual se acuerda de que habla de Vietnam y amor y pash ashí shúper en la wena onda y amémonos hermanos jipis, y aunque en Chile no fuera tan conocida, igual no más que tiene canciones que forman parte de la memoria colectiva como Aquarious (sí, yo soy acuario, lo que de la un valor agregado) y Let de sun shine (si usted no ha visto la película y tiene intenciones de hacerlo, no haga click en este link, ya que lo condurcirá al video de la canción final, en el que podrá ver algo que, derechamente, le cagaría la película). Además, aunque no me gusta reconocerlo porque NO es planeado, no puedo negar que algo de jipi tengo, y no hay nada que me de más gusto que esta película con jipis de verdad, de los gringos, no como el chanterío de Piedra Roja, que cantan para que no les corten el pelo y porque aman la vida. Increíble Treat Williams (¡¡¡sí, el de Everwood!!! jajajajaja), aunque todos son tan adorables...

Con ustedes, una de mis canciones favoritas de la película :) (amo la bailá arriba de la mesa)


Y simplemente para no embalarme y terminar escribiendo toda la tarde (y quizás la noche), volveré a dejar de lado a taaaaantas películas que deberían estar aquí. Además, no quiero subir muchos videos de una sola vez. Eeeen fin, sólo me queda por decir... posteeeeea, posteeeeeeeeeeeeea.

lunes, 26 de febrero de 2007

De Universitatis

Escribo desde mi computador, en Santiago, después de una agradable semana en Mendoza, durante la cual tuve la oportunidad de tener entretenidas, interesantes y fructíferas conversaciones con mis amigas Maureen y Trini. Una de esas conversaciones trató sobre la literatura, más bien sobre "el medio" y nuestra carrera, siendo la gran conclusión que algo hay que hacer, que no podemos quedarnos de brazos cruzados.
No es una tarea fácil, de eso no hay duda, pero por algo hay que empezar y, si tengo un blog, por qué no escribir aquí mis ideas y sueños. Cada vez voy descubriendo más problemas y obstáculos en el mundo en el que decidí vivir (¿habrá sido una decisión, o nací para esto y no tuve más opción?), y en lugar de frustrarme, lo mejor que puedo hacer es intentar o al menos proponer un cambio en este “Mundo Literario”, por llamarlo de alguna forma.
El problema que más de cerca me llega en estos momentos es el de la malla de mi universidad, que me atrevo a extenderlo a todas las universidades, porque no es un problema que surja de un Juanito Perez al que se ocurrió poner este ramo y no este otro, sino que las mallas reflejan el mundo para el que nos están preparando, y ese mundo es el mismo para todos los que salimos de la carrera, seamos de la Católica o de otras universidades. Así, el problema de los ramos resulta ser algo mucho mayor, que se relaciona con nuestro rol, con lo que debemos entregarle a la sociedad y con lo que esta misma quiere recibir.
La formación en literatura debería ser mucho más amplia y a la vez más específica, es decir, deberíamos tener una formación que nos permita mirar la literatura desde diversos campos, ya que, como bien lo dijo mi amiga Maureen, casi con las mismas palabras que yo lo hubiese dicho, la literatura es el arte que reúne a todas las artes, y es fundamental que tengamos la capacidad de estudiar, comprender y analizar las relaciones y colaboraciones que existen entre la literatura y tantas otras áreas. De ese estudio interdisciplinario viene la necesidad de una formación más amplia, y de ahí mismo surge la idea de la especificidad, tan poco valorada en mi universidad.
Está bien, todos sabemos lo seco que es Clemens, pero por favor, denle trabajo a alguien más aparte del pelao. Nunca he estado de acuerdo con eso de las “vacas sagradas”, y lamentablemente parece ser que así funciona mi facultad. Lo único que le falta a Clemens por hacer es el aseo, porque está a cargo de todo lo imaginable, mientras que otras personas muy capaces y preparadas se pierden y no se aprovecha su excelente preparación en temas específicos. Pongo como ejemplo a un profesor que ni siquiera me ha hecho clases, Danilo Santos, pero que todos sabemos que es experto en el tema de literatura y ciudad. Tener su preparación debería ser requisito suficiente para ser tan valorado como lo son otros, aunque lo suyo sea sólo un tema. De hecho, en la literatura eso es importantísimo, ya que sin especificación no podemos alcanzar tanta profundidad en nuestros trabajos, y la literatura es tan amplia que no concibo la idea de quedarme sólo con una formación general, que nunca podría ser más que una pincelada por diversos temas ya que nadie tiene tiempo ni cabeza para desarrollarse plenamente en tantos temas, épocas, estilos, etc., etc., etc.
Es cierto que las tendencias actuales proponen una mayor especificación en los programas de postgrado, idea con la que estoy plenamente de acuerdo, pero de todas formas creo necesaria una pequeña formación en algún tema en el que podamos alcanzar mayor profundidad y capacidad de análisis. Lo ideal sería un cambio en la malla que nos permita sacar certificados académicos en nuestra área, o algo parecido a los certificados, haciendo una buena planificación de los optativos de profundización. No me cabe duda de que hay profesores capaces de planificar un pequeño grupo de cursos dirigidos a un tema específico, como la ciudad en el caso de Danilo Santos o el erotismo en el caso de Ángel Rodríguez (que también domina tantos otros temas), y así se presentaría una oportunidad para los recién egresados, o incluso alumnos de cuarto, de hacer pequeños cursos que les servirían de experiencia, de la misma forma que se hacen los talleres de introducción a la literatura y a la lingüística.
También haría una modificación de los cursos obligatorios. Después de primer año, deberíamos tener la opción de tomar cursos de literatura o lingüística, en lugar de tener que tomar de las dos áreas. Dejaría como obligatorios sólo los más básicos para que se justifique que salgamos con las dos licenciaturas, pero creo que la formación en las dos áreas es demasiado superficial. Debería existir la posibilidad de elegir entre un tercer curso de literatura universal y otro de fonética, por ejemplo, ya que son dos ramos que vemos de forma muy general, pero que no podrían verse de forma más específica sin la oportunidad de elegir, porque no tendría sentido tener más fonética si esa no será mi área, como tampoco tiene sentido que los lingüistas tengan una mayor formación en universal.
Todo esto apunta, más que nada, a una profesionalización de la literatura. El campo laboral para el que nos están preparando me desilusiona un poco, y la única forma de cambiar ese campo es prepararnos para algo mejor, para algo que nosotros mismos podemos construir. Pero este no es un problema que se solucione sólo con un cambio de malla, sino que es fundamental un cambio de actitud. La inercia no nos lleva a ningún lado, menos en una carrera como la nuestra en que es tan necesario ser “movido”. Debemos crear instancias de participación, de diálogo y discusión, y darles el valor que merecen.
En una entrada anterior ya hablé de la poca concurrencia al coloquio de Diamela Eltit que se hizo en mi Universidad. Eso pasa obviamente por el desinterés de mis compañeros, pero también por una falta de planificación y de unión “del medio”. Los horarios pudieron ser otros, más cómodos para estudiantes y profesores, y se pudo invitar a otras universidades, o por lo menos a la Chile. Hace falta diálogo, unión, darle mayor importancia a estas instancias. Si tuviéramos conciencia de lo que se puede lograr, si nos interesáramos por lo que otros pueden mostrar y existiera una mayor colaboración, seríamos un sector mucho más valorado, podríamos llegar mucho más lejos de lo que ahora podemos. La literatura no es masiva, está claro, pero sí tiene un rol y un mensaje que debería llegar a mucha más gente y es un poco frustrante que no seamos capaces de salir del pequeño círculo en el que estamos estancados.
Con respecto al diálogo y la colaboración, creo que los talleres literarios son una excelente instancia. Yo ya he participado en dos, y hubiese sido muy bueno poder interactuar con otros talleres, leer a otras personas para saber en qué parada está el resto de mi generación, y hasta encontrar gente con la que comparta ideas y proyectos. Es difícil lograr las cosas solos, y también es difícil conocer gente con los mismos intereses si no hay donde ni cuando. Los talleristas deberían estar más conectados, se podrían organizar de vez en cuando lecturas un poco más masivas, y con lo útil que puede resultar internet, con mayor razón deberíamos fomentar el diálogo. También sería excelente que todos los talleres (o los más importantes) sacaran juntos algunas publicaciones que se distribuyan principalmente en las universidades, en los mismos talleres, y en las editoriales. Así se fomentaría el diálogo, la interacción, y nunca estaría de más que las editoriales tuvieran un registro, para que cuando reciban textos, puedan acceder a una especie de historial de cada persona y tengan acceso a otros textos de la misma persona.
Y así, son muchas las ideas que pueden surgir, pero todo apunta a no quedarse quieto, a no conformarse con lo tenemos e intentar hacer cambios. Una de las cosas que más me gusta de mi carrera es justamente su defecto: que hay tanto por hacer, son tantas las cosas que faltan y los errores que se cometen, y cada vez me siento más responsable, con más herramientas para lograr cambios importantes. El punto es que si cada uno va por su lado, pocas cosas se lograrán. Todo depende de “nosotros”, nosotros como generación, como el gran grupo que somos, aunque sea difícil vernos como una unidad. Sólo falta encontrarse, soñar y planificar.


Hey, tú, que sé que leiste... posteeea, posteeeeea

lunes, 5 de febrero de 2007

La delgada línea roja

Cuando éramos chicas con la Leo, me acuerdo que ella siempre subrayaba la palabra en la que quedaba al leer los libros del colegio, en lugar de usar un marcador. Ese sistema era mejor, porque así sabía exactamente hasta dónde había leído y no sólo la página hasta la que había llegado. Eso decía ella. Para mi, un marcador era la única opción. Rayar un libro me parecía derechamente un ultraje, un pecado.
Hoy, mi visión es completamente diferente. Aunque sigo sin aprobar aquella práctica de mi querida amiga, al menos mi criterio para estar en desacuerdo es otro. Me encantan los marcadores, no sé por qué no los colecciono siendo que son un objeto que, para mí, bordea el fetichismo. Además, meterle lápiz a un libro cuando no es necesario, no me parece. Pero hay muchas ocasiones en que sí lo es. Antes, creía que subrayar un libro de por sí era pecado, algo que no podía entender, que arruinaba cualquier ejemplar.
Quizás en gran parte gracias a que en la universidad me he acostumbrado a subrayar miles de fotocopias para estudiarlas, le perdí el miedo a las líneas esas. Ya no concibo tener una fotocopia frente a mis ojos sin tener en mi mano ese lápiz tinta rojo que encontré en mi casa hace años, que no sé cómo aún escribe, y que es mi regalón porque ningún otro tiene ese grosor y ese particular y especialmente bello color rojo.
Esa costumbre estudiantil se desplazó a la literatura, a las lecturas de placer (aunque muchos textos de estudio son un placer, claro está). Aunque, aclaro, no subrayo los libros con lápiz rojo. Lo hago con lápiz negro o azul, aunque principalmente con lápiz mina, aun sabiendo que no borraré jamás lo destacado, pero quizás para quedarme un poco más tranquila, con la seguridad de que lo que hice no es irreversible (no es tan fácil cambiar una idea tan arraigada como la de mantener los libros pulcros, lejanos a toda intervención).
Inmediatamente aparece en mi cabeza otra anécdota. Mi mojigata familia conoce a muchos curas, amigos de toda la vida, y alguno de ellos, ya no recuerdo cuál, contó que una vez le regaló una biblia a unos recién casados. Años después fue a la casa de ese matrimonio, y ellos, orgullosos, le mostraron al cura la misma biblia intacta. “Mire padre, la tenemos igualita a como estaba cuando nos la regaló, para que vea cómo la hemos cuidado”. El cura nos contó la gran decepción que eso le produjo, porque hubiese preferido por lejos que la biblia se estuviera desarmando de tanto que la abrieron, que ya no tuviera más espacio en los márgenes para anotaciones, que hasta tuviera manchas de comida, de café, por haberla consultado tantas veces, incluso al comer.
Y qué razón tenía el cura ese. Porque, a diferencia de lo que antes pensaba, los libros no son obras creadas sólo por otros, sino que cada uno es parte de su creación, porque al leer un libro, al mezclarlo con lo que somos, al interiorizarlo, disfrutarlo, vivirlo, se crea una segunda obra, y es ahí donde entra el subrayado. Es posible apropiarse de un libro escrito por otro, y la mejor forma de hacerlo, es perpetuando aquellos episodios que conforman nuestro libro personal.
Lamento profundamente no haber adquirido este hábito antes, para haber subrayado tantas cosas que lo valían. Cómo quisiera consultar con exactitud aquellos pasajes de Rayuela que movieron algo en mí con mayor fuerza (aunque, generalmente, con abrir el libro en cualquier página basta). También lamento no haber subrayado Los detectives salvajes (más ahora que se lo prestaré a la Pep, cosa que no suelo hacer, así que no se entusiasmen), Madame Bovary (aunque aquellas partes memorables aún las recuerdo y podría encontrarlas gracias a mi memoria, pero la memoria es frágil, eso todos los sabemos), La Velocidad de las cosas (aunque las circunstancias son diferentes, porque de cierta forma no me pertenece, y siempre he pretendido devolverlo), y tantos, tantos, tantos otros libros.
Me enloquece la idea de tener una gran biblioteca, a punto de estallar de tanto libro que tendría, ordenada con un criterio caótico y muy personal para ser la única persona capaz de encontrar los libros, muy al estilo de El nombre de la rosa. Pero esa biblioteca no estaría completa sin aquellas líneas que personalizan cada libro.
Pensando en el libro como mucho más que su contenido, en el objeto, en el fetiche, en el valor sentimental de la posesión más que de su lectura, el subrayado hace que un libro sea invaluable. Lo convierte en un ejemplar único, en una primera edición prácticamente inencontrable.
Déjame leer tus subrayados y te diré quién eres, puede convertirse en uno de los dichos con mayor sentido de la historia, junto a en casa de herrero, cuchillo de palo. Ese si que es cierto, qué le vamos a hacer. Imposible no recurrir a otra pequeña historia, cuya protagonista es una amiga de mi papá de toda la vida -desde antes de su aburguesamiento, claro-, gran amante de la literatura, una de esas personas que es bueno conocer. Resulta que para mi cumpleaños número 18, mi tía me regaló dos libros de su biblioteca personal. Uno de ellos estaba dedicado dos veces, una para mí, y la otra era, por supuesto, era una dedicatoria para ella, escrita hace varios años. Aunque no es lo mismo que un subrayado, aquella intervención en la impecable página es el vestigio de una historia que hace a ese libro diferente a todos. A esta misma persona le pedí La divina comedia, y grande fue mi impresión al ver que en el Tercer Recinto del Séptimo Círculo del Infierno, mi tía escribió “¡ suicidas !”. Resulta que hace años, muchos años, un gran amigo suyo y de mi papá se mató. Si el libro hubiese sido mío, hubiese escrito lo mismo. Y así, poco a poco, he ido valorando esto del subrayado. Tanto, que los libros que no reciben mi intervención, pierden gran valor. Los hermanos Karamazov, libro que me ha consumido este verano, sin duda quedará en mi memoria como una gran obra, como una historia apasionante y perturbadora que me recuerda lo genio que es este Dostoievsky, pero el haber subrayado tan poquitas líneas, más aún considerando el grotesco grosor del libro, lo aleja un poco de mí, hace que quede en el grupo de excelentes libros de excelentes autores, pero no está ni cerca de quedar entre esos libros que se pueden (o se necesitan) consultar una y otra vez, ya sea como guía o por simple deleite. Es difícil de explicar, porque Los hermanos Karamazov tendrá sin duda un lugar privilegiado en mi biblioteca mental, pero no lo imagino gastado, carreteado, como ese cura quiso que estuviera la biblia que regaló. Y lo que pasa es que hay un criterio a la hora de repensar los libros que está lejos de todo lo que pueda aprender en la Universidad, lejos de toda la maestría que pueden alcanzar los genios, y me encanta haberlo encontrado y haberlo convertido en un hábito. Lo recomiendo, porque además, adoraría pedir un libro prestado y ver que está subrayado. Para qué decir que, si alguna vez publico un libro, moriría de un infarto si me encuentro con un ejemplar tan significativa y sentimentalmente intervenido.

sábado, 3 de febrero de 2007

Yo también soy parte del vulgo...

...y consumo todo lo que es cultura pop.
Hace ya unos años, era la típica niñita artishta y súper intelectual que disfrutaba del cine arte, renegaba de su pasado musical (Aqua, Spice girls, y un largo y comercial etcétera), se vestía diferente, y cosas por el estilo. Con el tiempo me he ido dando cuenta de que la cultura de lo desechable, lo masivo y la comercialidad es una cultura inmensamente rica y atractiva. Empecé enganchando con Warhol que, claro, era un gusto que no me desperfilaba y que aún permanecía dentro del arte, hasta que me liberé no más y comencé a rescatar la música de mi infancia, a valorar toda esa basura que nos entregaba la tevé y a amar el cine que antes consideraba tonto y superficial. En esa etapa intelectualoide, mi amor por Hollywood llegaba sólo hasta finales de la década de los 50, además de grandes clásicos como la PER-FEC-TA Novicia rebelde y una que otra película que lograba cautivarme. Ahora amo el cine de masas, a las grandes estrellas que engordan y se revientan en carretes, a diferencia de las glamorosas estrellas de antaño que de todas formas siguen siendo mi objeto de culto (que en realidad también se reventaban pero no lo parecía, porque en las fotos se veían despampanantes y glamorosas) y en especial amo a las películas TONTAS, con argumentos debiluchos, pero que entretienen hasta el delirio, que descansan en figuras potentísimas que ya tienen un sitial en mi imaginario pop, que tienen bandas sonoras pegotes, los medios hits... en fin, películas que marcaron una época y que por eso son tanto o más valorables que las películas under-artísticas-quetehacenpensar.
He aquí una selección de aquellas películas que me revolucionan las hormonas y las neuronas, y que sin duda han influido en mis gustos, en mi forma de ver el mundo, en todo lo que es mi pershona.... jajajaja y lo peor es que es verdad !!
1. Disco inferno
Qué importa que Tonny Manero sea un pendejo imbésil, si es el mejor en la disco, baby. Saturday night fever es un clásico de los clásicos... lamento no poder subir la película entera, o al menos todos los bailes, porque pesaría mucho, nadie los vería todos y ni siquiera estan todos en youtube. Esta canción si que fue un éxito, junto con TODAS las de la película. Igual dan ganas de haber vivido en esa época y autodestruirse en el Estudio 54 bailando como el Gran Tonny. Saludos también para Stephanie Mangano, su compañera en esta escena, en que bailan para ganar una competencia que evidentemente... ganan. Si usted no ha visto esta película, por favor HÁGALO y acuérdese de mí cuando baile la pareja de hispanos que sacaron el segundo lugar en esta competencia, aunque debieron ganar el primero, situación que hasta Tonny reconoce, porque claro, el protagonista tiene su nobleza escondida por ahí.
Pero no es que este baile sea malo, eso TOOOODOS lo sabemos. Cada paso es mejor que el otro, es una cosa que no se puede creer diossanto. Amo esa actitud como de indiferencia, casi como si improvisara, como que la pierna para atras y la otra para atrás y pelvis a la derecha, pelvis a la izquierda, dedo arriba, giro y tooodo eso saliera natural. Ja ja já !!! =D
Para el vestuario simplemente no hay palabras. Es una cosa que no se puede creer.
[RECIENTEMENTE EDITADO: Por alguna extraña razón, el video no se pueder, como si no estuviera en youtube... pero SÍ está, y éste es el link: http://www.youtube.com/watch?v=s2S29gXTUBk ]
Y si More than a woman es demasiado lenta para usted, aquí tiene toda la libertad de mover la pelvis hasta el hartazgo. Pero debo decirle que jamás podrá hacerlo como Tonny. Imposible describir todos los pasos que amo de este baile. Note el estado físico del joven Travolta en esa "pirueta al estilo ruso", y aprecie ese paso que sin duda marca los inicios del break dance.
Si alguna vez tengo una casa grande y estilosa y muy bacán, pensaría seriamente en la posibilidad de tener una terraza techada con un piso como ese. El living ya sería como mucho.
El suelo luminoso no es lo único que amo, porque esos pantalones son una delicia. No hay nada mejor en este mundo que John Travolta con pantalones apretados, flaquito, moviendose tan disco, y esas patas de elefante que me gustan tanto tanto tanto.
Por último, cómo no resaltar la acomodada de mangas al principio, y cómo Tonny se apodera de la pista. Ídolo.
2. ¿Y él no estaba muerto?
Algún día me aprenderé este baile, que amo con pasión y ternura, y cuando encuentre a un hombre que se lo sepa, me casaré con él. Aunque no creo, porque probablemente sea gay.
Sé que ahora estoy rayando en lo mamón, pero es que Dirty dancing es Dirty dancing... cómo no amarla, cómo no amar ese vestido, la canción, esa polera apretadiiita :B
No hay más palabras, sólo mire, emociónese, y BAILE.
3. La mejor cara de la historia del cine
Es, sin duda, la cara de Gene Wilder al ver a la inolvidable chica de rojo. La canción ya no puede ser mejor, es que es una cosa que no se puede creer. Por favor, disfrute la última parte del video, de la que no diré nada... sólo... GENE, TE AMO (aunque no con esa voz ezzzpañola)
4. Con unos kilitos de más
Como me quedé pegada con el baile, Travolta y las canciones inolvidables, es imposible no incluir en la lista a esta película que, lejos de ser una película de baile, tiene uno de los más memorables. Tooodos sabemos que esta película no es tonta ni nada, pero qué importa... no puedo aguantar subir este video.
Pulp fiction es una película que, lo reconozco, no me gustó en un principio. Tenía algunos problemas personales con Tarantino que ya estan solucionados, en gran parte gracias a escenas como esta.
Más flores para John, y también para la pobre Uma que hace lo que puede ante un mooostro como el que tiene ante sus ojos. Es increible cómo se salva sin bailar tanto, o más bien haciendo movimientos raros.
No me canso de ver esta escena, ni de girar feliz en la silla del computador al verla, o derechamente ponerme a bailar.
Y aunque la lista debería seguir, lo dejo para más adelante o la cosa se empezaría a poner fome. Sé que muchas veces (siempre) prometo una segunda parte en mis actualizaciones, pero ahora si que es verdad. No soy capaz de dejar afuera a tantas otras películas tan memorables como las ya nombradas.
Me despido con un "hasta pronto", y con la esperanza de haberlos motivado a bailar y reír.
Supongo que notaron mi esfuerzo al buscar un video del twist de Pulp fiction con los subtítulos más adecuados.
No es necesario que me hagan notar que el número uno de la lista (el número no tiene relación con un orden de preferencias) se titula "Disco inferno" y NO incluí el video de esa canción... fue sólo un rescate del nombre de tan magno clásico que a mi parecer queda perfecto como título.

jueves, 1 de febrero de 2007

Birthday

Y porque el calor es el peor aliado para el computador y me da una lata indescriptible estar aquí, por hoy sólo les daré un itinerario de lo que fue mi cumpleaños (incluyendo el día antes y el día después). Reflexiones y párrafos más largos y debidamente elaborados, para después.
25 de enero: Creo que el 23 o 24 me fui a la parcela con mi hermano, el Pipo. Allá estaban (y están y estarán) mis papás. La parcela es un lugar donde pasé gran parte de mi infancia, o la parte más recordable que serían las largas vacaciones, fines de semana y todos los momentos que se puedan relacionar con despreocupación y juegos. Fueron esos momentos los que reviví con el Pipo, que siempre fue mi incansable compañero de tardes entretenidas, de esas en que se hacen mil cosas y uno se cansa, se cansa, pero sigue jugando, y hay que tomarse una once bien contundente con cosas ricas para después seguir jugando y en la noche uno se acuesta y se da cuenta del cansancio y de lo bueno que fue el día. Durante todo el jueves jugué pin pon, me bañé en la piscina, leí, jugué más pin pon, después hasta jugamos bádminton y nos reimos muuucho porque es tan complicado pegarle a la pelota-pluma o lo que sea, y me equivoco porque la raqueta es larga y estoy acostumbrada a la de tenis o a las paletas de playa o por ultimo a la de paddle y a la paleta de pin pon, entonces no calculo y no le pego a la pelota-pluma, y mi perra quiere jugar también y la pelota cae en el árbol pero muy arriba y mi hermano dice “ah que fácil, yo la saco”, y no puede y es tan tan gracioso, y me encanta, y al final obvio que puede sacarla y seguimos jugando hasta que hay que tomar once.
26 de enero: “feliz cumpleaños chiquititaaaa” y es raro pensar que la chiquitita de la casa ya tiene 19 y que mis hermanos grandes ya son adultos y que las cosas han cambiado tanto y todo seguirá cambiando tanto. Ok, dije que las reflexiones para otro día, pero esta es súper cortita: es que para mi no es sólo cumplir años, porque soy la menor, y conmigo crecen todos (qué ególatra sonó), pero es cierto, al crecer yo, crece la casa, ya no hay una niña, ya estoy en la Universidad hace un año, mi mamá pasó a tener otro papel, mis hermanos también, y todo cambia, porque el tiempo pasa, y todos ven eso en mí más que en otras cosas. Fue un día entretenido, siguió la rutina de la infancia en la parcela, por un día todo el mundo me amó y me llamó y me mando mensajes y más tarde volví a santiago para ir a ver María Antonieta (probable comentario próximamente). Comentario aparte debería recibir el regalo más esperado: la entrada para ROGER WATERS. Eso también queda para después (y de esto si que escribiré, lo prometo).
27 de enero: Quizás sigo siendo una niña porque me encanta despertar al día siguiente y ver un montoncito de regalos en el suelo (menos la entrada para ROGER WATERS, que no estaba en el suelo, de la que escribiré después, lo prometo). Después de almuerzo fui al jumbo a comprar el sofisticado menú que ofrecí en mi distinguida tertulia a un selecto grupo de amigos. Algunos problemas hubo, pero fueron solucionables, como hacer “destapaditos” en vez de tapaditos debido al insólito número de personas que había en santiago para esa fecha, y sacrificar un pollo... deshuesado de la casa para hacer más pasta para los destapaditos. Bueno, después de todo, nada es problema teniendo en mi poder la entrada para ROGER WATERS, de la que escribiré después, lo prometo. Y así se me pasó la tarde, ordenando o más bien decorando el living, el comedor y el patio para que estuvieran a la altura del evento, grabando música y buscando música ya grabada que concordara con alguno de los dos ambientes y planeando cómo servir el aperitivo.
Luego empezó a llegar la gente pulcramente semiformal, y al fin vi a la KITA !!!, sin desmerecer a los demás invitados, claro está, pero es que no la veia hace taaaaanto, y nos quedamos conversando con Ton hasta temprano O_o, y la Kita se quedó a dormir y reí hasta las lágrimas (uh que raro ¬¬) y también vi por fin a la Turry y la Pancha que nunca nos resulta juntarnos, en fin, tantas cosas, y mi perro que es tan adorable y para variar fue el personaje más importante de la tertulia, porque es tan caballero y tierno y distinguido. Y realmente adoré verlos todos semiformales, ya saben, adoro los detalles y el buen gusto.
Jajajaja, ya, TENGO CALOR, y también tengo 19 y una entrada para ROGER WATERS.
Cambio y fuera.



Uy, que negro mi humor, notaron lo del pollo sacrificado?

Y ojo que las canciones de los beatles son inagotables fuentes de nombres de entradas para blog.

Algunas fotos más en www.fotolog.com/jesu_gibbons (las subiré de a poco... pacieeencia)

martes, 9 de enero de 2007

Paperback writer

Hace unas semanas, pocos días después de salir de vacaciones, me dediqué a ordenar profundamente mi pieza. Leí cada papel que tenía (y tengo muchos), incluyendo diarios de vida, cuadernos viejos, agendas y cartas. Ordené todas mis carpetas (y tengo muchas), donde guardo ñoñeces y cosas interesantes cuyos orígenes son el colegio, diarios, revistas, pasquines y un cuanto hay de publicaciones. Para qué hablar de cachureos de variadas índoles, pequeños recuerdos, cosas encontradas por ahí, dibujos, recortes, y un prominente etcétera.
Muchísimas son las cosas que merecen un espacio en mi blog, pero hoy sólo hablaré de mis cuentos, muchos sin terminar, y relatos en general que encontré por montones. En primer lugar rescato mi primer y, hasta ahora, único libro. Sí, escribí un libro. Tenía nueve años y creí que un libro era la mejor manera de inaugurar el lindo cuaderno de Mickey que me había regalado mi hermano Andrés para Navidad.
Al encontrar el cuaderno y recordar que en él estaba mi libro, pensé que al abrirlo me reiría al encontrar un relato cortísimo, pero no fue así. Bueno, largo no es, no supera las 25 hojas de un cuaderno mediano escritas con una letra muy grande y redonda. Pero era más de lo que esperaba, y para qué decir que en esa época, escribir tal cantidad de páginas era tanto pero tanto más de lo que es hoy.
Ahora ya no tengo esa perseverancia. Por un lado, porque me acostumbré a los cuentos más cortos, costumbre que adquirí por libre elección cuando estaba en segundo medio. Pero por otro, porque no tengo el mismo entusiasmo, porque antes de empezar algo más largo creo que no lo terminaré así que para qué empezar. Que horrible declaración.
Leer tantas cosas que escribí de niña me alegró y hasta emocionó un poco, pero de alguna forma significó también una decepción. Escribí mucho más de lo que recordaba, y aunque la mayoría de los cuentos no los terminé, tenía plena conciencia de que escribir mucho me serviría para aprender, para ir corrigiendo errores, y escribía, escribía, escribía y claro que me sirvió, en poco tiempo progresé mucho, y debo decir que hasta me impresioné de lo bien que llegué a escribir a tan corta edad. El progreso que hay desde ese libro con el que empieza mi cuaderno, hasta el cuento inconcluso con el que termina (aunque muchas hojas quedaron en Blanco) es lejos el mayor progreso por el que han pasado mis humildes escritos.
Lamento no haber seguido escribiendo así. Mi época de oro fue entre los 8 o 9 años hasta los 11, más o menos. Después vino un periodo de creaciones muuuy esporádicas (aunque escribir nunca dejó de gustarme) hasta que cuando tenía unos 15 años, la perseverancia de antaño daba señales de resurrección. Si hubiese seguido escribiendo tan afanosamente durante esos 4 años de aridez, sin duda hoy escribiría mejor. Y me desalienta un poco pensar que cuando niña era bastante más talentosa que hoy (proporcionalmente, claro está). Más me desalienta que estoy entrando nuevamente a un periodo como el que viví entre los 11 y los 15. Con la universidad dediqué menos tiempo a la escritura, a lo que hay que sumar una desmotivación de la que ya hablé en una entrada anterior. La situación tomó proporciones inimaginables durante el segundo semestre, durante el cual no escribí más que un par de páginas. Al menos, tengo plena conciencia de la situación y tengo todo el ánimo de revertirla, más todavía estando en vacaciones. Quiero irme a mi parcela unos días para tener mucho tiempo y concentración para escribir todas esas cosas que están colapsando mi cabeza y que necesitan salir catárticamente.
Yendo un poco más allá del mismo hecho de escribir, me llamó mucho la atención lo que escribía. Recuerdo que en ese entonces no pretendía ser autobiográfica, y ahora veo claramente miles de cosas que eran reflejo de lo que vivía. Me pregunto si en unos años veré en mis actuales cuentos, que supuestamente son 98% ficción y 2% experiencias personales, más de mí de lo que creo que hay en ellos.
Es increíble ver gracias a mis cuentos cómo percibía el mundo, qué cosas me interesaban. Quedé genuinamente impactada al leer un cuento lamentablemente inconcluso en el que un amigo de la protagonista tenía miedo del mundo exterior a sí mismo y era juzgado por todos, menos por su amiga (obvio), como un loco. Las conversaciones de los amigos, los pensamientos de este “loco” y su interesantísima personalidad me impresionaron de una forma inexplicable. Es raro que olvidara que había escrito eso.
De tanto leer lo que escribí hace años, recordé mucho lo que pensaba, lo que quería, mis sueños y proyectos. Al menos, para apalear esa decepción de “podría ser mejor si hubiese escrito más”, puedo mirar para atrás y paradójicamente sentir que no perdí el tiempo, que me dediqué a las cosas correctas, que estoy en el mejor lugar posible y que aun queda tanto por delante, muchísimo más del tiempo que ha pasado, y eso me da esperanzas y la posibilidad de soñar más que cuando era una niña. Quizás quería que muchas cosas fueran diferentes a lo que vivo hoy, pero esos eran sueños, y nunca fui muy aterrizada para soñar. Pero al pensar en las cosas concretas que quería para mí, me doy cuenta de lo bien que he elegido y de que esa niña estaría contenta con la Jesu de hoy. La literatura es algo que me apasiona y me quita el sueño desde hace años, incluso de antes de aprender a leer y escribir. Obviamente que no tenía las mismas concepciones y proyectos que hoy sobre la literatura, sino que la vivía como la niña que era. Y me doy cuenta que eso es la vocación. Muchas veces me he cuestionado por qué literatura, y le doy vueltas, y reflexiono, y llego a grandes conclusiones, cada vez más “profundas” y fundadas en todo lo que he aprendido. Pero al final, lo más profundo de todo es ese deseo inexplicable, lejano a todas las ideas racionales respecto a la vocación y la literatura, esas ganas de una niña de ser “escritora”, así, sin saber nada más de libros ni autores ni escuelas ni influencia alguna. Finalmente, el motor de todo es un impulso inexplicable, el mismo impulso que me hacía crear historias antes de saber escribir, con el que llenaba páginas y páginas de diferentes cuadernos cuando era una niña, que me hizo decidirme por literatura sin siquiera sentarme a pensarlo, y que hoy me tiene contenta al sentirlo aún en mí, inmutable a pesar del paso del tiempo y de todos los cambios que ha habido en mi vida.
Eso del 98% y el 2% es una grandísima exageración. La verdad, todo lo que sea exagerado, me encanta.

domingo, 31 de diciembre de 2006

With a little help from my friends



Se va un año, y es imposible no sentarme a pensar en tooodo lo que he vivido, en especial al ser este el año en que entré a la Universidad. Una de las primeras cosas que se me vienen a la mente son todas aquellas personas que conocí, y las que ya formaban parte de mi vida pero ahora lo hacen de una forma diferente. Por supuesto, cada una de estas personas merece una mención especial.
Comenzando por los pajaritos nuevos conocidos en la U, Elvira, amore mío, ha resultado ser una gran amiga, de esas con las que uno puede imaginarse tanto o más amigas en muchos años más, de esas amigas que realmente son un gran “aporte” en la vida, porque sé que podremos hacer muchas cosas, que juntas seremos grandes ;) jajajaja. Aunque caiga en un terrible cliché, con ella tenemos muchísimas cosas en común, y las diferencias son, más que eso, un excelente complemento.
En Halloween usé un vestido ochentero que me atrevo a decir, es el resumen y el ícono de aquella época. Mientras mi atuendo era comentado, Benja dijo que era como si estuviese disfrazada de futurista, porque yo me muevo entre los años 20 y los 70. Y ese ha sido uno de los mejores y más acertados comentarios que me han hecho. Benja, amigo frívolo y pérfido, excelente compañero para reír y hacer ponzoñosos comentarios del mundo letrado, es además una persona extremadamente fácil de querer, asertivo, confiable, divertidísimo y ante todo, MORDIBLE. Mordiscos miles para ti, amigo querido. Este 2007 se vienen muchos más.
Vámonos más al sur. Es que a la Kechu y a la Paloma yo las amo ajkadjdkasgjfdfjafg, y que no les quepa duda que Coyhaique es tierra de seres extraordinarios. Es imposible llevarse mal con la Paloma, es imposible que alguien no la adore, es imposible no reírse con ella. Cuando está ebria es lo mejor de la vida jajajajajajajaja tenía que decirlo, es que eres muy chistosa jajajajajaja, y qué ganas de haber estado más tiempo contigo, porque si adoras a Audrey Hepburn, es imposible no ser grandes amigas. Jajaja OK...
Con la Kechu lo mismo, qué ganas de pasar más tiempo con ella. Me encanta esa mezcla de chica rockera con una ternura infinita, y ¡somos tan parecidas!, y hay que hacer una noche de Kubrick, y ver fotos de los ídolos (jajaja QUÉ CHULO), y vestirnos de celeste con soquetes blancos con vuelitos y zapatos de charol MUA HUA HUA HUAAAAA y reírnos reírnos reírnos porque me río mucho con la Kechu y nada mejor que reír.
Y si no lo han hecho aún, es a esta altura que comenzarán a cuestionarse mi sexualidad porque a Maureen yo también la amoooo, pero no se equivoquen, porque si las conocieran me entenderían. Somos tan diferentes, pero al final de día tan parecidas también, y es tan bueno poder dejar de lado los prejuicios para poder tener grandes amistades como esta lo es. Ella es tan rosaaada, y tan brillaaaante, y tan aleopardaaada y romaaaantica asfdgdagfsgafdagfsa y me alegra enormemente haberla conocido. Tener inquietudes tan parecidas me da ánimo y entusiasmo, y me acerca a eso que tanto quería hacer y ser en la Universidad, pero que fue desapareciendo por el desinterés y la extremada comodidad general.
Decir que a Matías le gustan Sandro, los Beatles y Franz Fedinand, y que en la casa de Benja en las vacaciones de invierno tiré una talla de Linterna Verde y que él fue el único que la entendió, bastaría. Pero para qué escatimar palabras con el indiscutible galán de Letras (efectivamente, más tirado para las letras que para la fonética). Amante de los gatos (TIENE UNO SIN COLAAA!!! Y no se rían que a mi me encanta el Guro), inteligente, simpatiquísimo y muy gracioso, a Matías yo le tengo harto cariño. Adoro reírme cuando dice “caoh” en vez de “claro” y que se ría de mi porque yo me río de mi antes que todos jajajaja. Es bueno eso de poder reírse de uno mismo con los amigos, y con Félix Matías hay plena libertad ;) jajaja. Además, me encanta tener amigos que uno sabe que son capaces de hacer lo que quieran en su vida (pero no te pongai pajero puh ¬¬).
Y obvio que a la Trini la quiero por mucho más que su auto y su agraciado amigo del colegio jajaja. Porque la Trini es de esas amigas que está siempre, que no deja de preocuparse por los que tiene alrededor, que demuestra su cariño a cada momento. Creo que hay pocas personas tan buenas como la Trini... (consideremos que Cata Abarca está en un nivel casi fuera de lo humano... :P)
QUÉ PASA JOSUÉ. NO SUÉ. Marcela Cabrera no es la única que siente cosas especiales por Josué, porque es simplemente adorable, tiernísimo, preocupado, y por sobre todo lo demás, su mamá adora mi cabesho. Sin duda, Josué es de las personas más queribles que he conocido este año, y qué manera de conocer gente durante este 2006...
Hablando de gente querible, imposible no mencionar a Ton, una de las primeras personas que conocí en la U. No pasó mucho tiempo para que nos convirtiéramos en la mejor pareja televisiva de los últimos tiempos, y para que Ton me privilegiara con su verdadera y notoriamente muy sentida amistad y confianza.
Creo que pocas personas pueden ser una mejor compañera de vacaciones que la Fran, porque lo vamos a pasar raaaaaaaagio gooooooorda, porque la Fran es de lo más simpático y especial que respira por los parajes de PUC, porque no hay nada mejor que esas personas con las que es tan fácil llevarse bien y sentirse como si nos conociéramos hace más tiempo... así me gusta, bien livianita de sangre y amorooooosa la chicoca.
Y porque la gente lo pedía a gritos, teníamos que conocernos Manolito y yo, para así formar una excepcional pareja de letras eróticas. Pero antes que todo eso está el Manolo preocupado y confiable, que siempre tiene las palabras para hacernos sentir especiales a quienes tenemos la suerte de ser sus amigos.
Y otro que hace a sus amigos sentirse especiales, es Erwin, porque pocas personas son tan cariñosas como él. Siempre preocupado, tierno, todo un caballero (¿o niño?) de naranjo. Tan bueno e incluso inocente, tan querendón, que sufre más de la cuenta, pero que es inmensamente querido por todos sus amigos que valoramos esa transparencia y amistad que entrega a manos llenas.
Capítulo aparte es el Leo, entrañable amigo, con quien en algún momento espero podamos reír de cómo nos hicimos tan buenos amigos sin que nadie lo sepa (lo que sin duda lo hace tanto pero tanto más gracioso) y de cómo llegamos a confiar tanto el uno en el otro, cosa que le agradezco infinitamente. Quedan tantas cosas que decir, pero de todas formas espero podamos alguna vez llegar a un futuro muy lejano que imaginamos alguna vez, y seamos aún muy buenos amigos.
Y siento que me he alargado tanto (y eso que, en especial cuando noté todo el tiempo que llevaba escribiendo, debí recurrir a un casi grosero poder de síntesis), que aunque no era para nada la idea, creo que es mejor dejar esto hasta aquí, y dejar las palabras a mis viejos conocidos para más adelante.
A todos ustedes, los nombrados y los injustamente no nombrados, los quiero profunda y sinceramente. Todos, en diferentes formas, le han dado a mi vida algo nuevo que sin duda tiene que ver con que, al terminar este año, pueda decir que soy alguien más feliz. Les deseo todo lo mejor para este nuevo año, porque en serio lo merecen, porque si pudiera, en serio se los daría yo. Espero que podamos seguir siendo tan amigos en algunos casos, en otros, que podamos serlo mucho, pero muuuucho más.
Abrazos apretados para todos, mordiscos para uno, Y A CELEBRAR.







viernes, 29 de diciembre de 2006

WHITE Christmas

Si si si, ya sé cuál es el sentido real de la Navidad, pero no por eso hay que pensar que los regalos son puro materialismo, consumismo, que sólo están para que nos estresemos y gastemos plata a fin de año y blah blah blah.
De hecho, en mi infancia, algunos de los regalos más baratos fueron los que más me marcaron. Y que me marcaran así no significa que no sepa cuál es el sentido de la Navidad, sólo me permite relacionarla con grandes momentos, como son aquellos que pasé con mis amados juguetes.
Nada de regalos top de fin de año que se agotan y causan locura, nada de novedades carísimas y cosas de marca. Porque yo fui enormemente feliz con un
ula ula, uno de lo más clásicos juguetes, que sigue siendo uno de mis favoritos. Si no tengo uno es porque el último que tuve se deformó con el calor cuando viajó desde mi casa de Santiago hasta mi parcela, y quedó como huevito. Después de eso, ya estaba muy grande para comprarme uno. Qué estupidez. Prometo que me compraré otro, porque estoy segura que así seré más feliz, y a menearse se ha dicho.
Tan espectaculares como los ula ula son las
cintas de gimnasia. UFF, cómo disfruté la mía, que aún tengo, pero que ya está vieja, incluso un poco apolillada en la punta, y con algunas arrugas que no desaparecen ya que se formaron por apretados nudos que no deshice en años, hasta que me reencontré con mi cinta hace como dos años al ordenar profundamente mi pieza. Ya no la uso como antes, pero cuando voy a mi parcela, como no puedo dormirme temprano, salgo sin hacer ruido y voy a la cancha de tenis a jugar con mi cinta como lo hacía hace años. Es increíble cuando la luna está llena, porque hay luuuuz y es blaaaaanca y mi cinta azul brillante se ve increíble y hay silencio y se escuchan mis pisadas y fffffggguuuuuu de la cinta, y esta sería la revelación de un secreto sumamente guardado.
Un regalo que fue increiblemente espectacular fue un...
yoyó. Me lo regaló mi mamá, impulsada por su adicción al sube y baja de los yoyós y a los recuerdos de su infancia en que jugaba horas con ellos, porque en su época también había juguetes de moda, y así como hace unos años se pusieron de moda las acrobacias con los yoyós (yo sólo lo hago subir y bajar), cuando mi mamá era niña también hubo una época en que las calles estaban plagadas de fanáticos de este clásico de los clásicos. Y mi mamá era seca.
Cuando me lo regaló me cargó. Es grande (ni tanto, pero yo era muy chica y estaba acostumbrada a los que venían en las sorpresas de cumpleaños; esos plásticos chicos de colores chillones que en el centro tenían un autoadhesivo con un diseño como en espiral, de esos típicos para hipnotizar) y pesado y para colmo tenía el hilo muy grande para mi, que era tan bajita... Además, mi mamá se puso a jugar altiro y se entretenía más que yo y me piqué. Pero no pasó mucho tiempo para que al fin apreciara tan magno juguete, que no puede estar ausente en NINGUNA infancia. Obviamente, mi yoyó continúa en acción, y está en mi pieza, guardado muy a mano, para sacarlo todas a noches a girar mientras escucho música en mis jornadas de insomnio (que serían más cortas con un ula ula).
Otro clásico que ha vuelto a las pistas gracias a mi amiga y amore Elvira que me regaló el suyo (asgkjdggakgggajgdkagjggsakdg te amo) es ese maravilloso frasquito cilíndrico de plástico, en cuyo interior hay un líquido mágico que gracias a un mecanismo que se encuentra en la tapa del cilíndro hace... BURBUJAS. Jajaja siii, es que las
burbujas son lo máximo, cómo puede ser que los papás destruyan sus pies y sus bolsillos buscando un regalo apoteósico, siendo que el mejor regalo de todos es tan común y barato. Nada se compara al placer de hacer burbujas por las calles de mi querida Ñuñoa en primavera, y ver los colores que se forman en la burbuja !!!!! =D y ver cómo algunas nacen para trascender y sobreviven el ataque de ramas y rejas puntudas y vuelan vuelan y vuelan.
Así como me pasó con el yoyó, mi
pelota saltarina tampoco me gustó cuando me la regalaron. Nuevamente, era muy chica para usarla. Mentira. Lo que pasó es que no estaba acostumbrada, y me dio cosa al principio subirme a esa pelota gigante sin poder apoyar mis pies completamente en el suelo. Pero apenas me atreví, comenzó una era de saltos, una de las eras más entretenidas e inolvidables de mi infancia. Saltaba por todo el garage y seguía por el patio y al llegar al pasto, hasta me ponía a girar abrazando esta gran pelota con cachitos.
A menor escala pero igual de inolvidables fueron otras pelotas con las que jugué horas y horas de mi vida en el garage. La más memorable era una
pelota amarilla (!!!) que tenía un diseño maravilloso, con puntitos en relieve y en dos lados (aunque una pelota no tenga dos lados) opuestos tenía un circulo grande con una estrella al medio. La pelota no era muy grande, más chica que una de fútbol y más grande que esas de básquetbol enanas, pero lo que hizo que esta pelota pasara a la historia es cómo saltaba diossanto. Por esos saltos altísimos e inalcanzables, la bauticé como Traviesa (siii que vergüenza ponerle ese nombre... pero veamos el contexto poh, si era chica). Inolvidable también fue una pelota de Hugo (sí, de Hu-Hu-Hu-Hugo) que era amarilla también y tenía a... Hugo... y era muy liviana y grande y también daba saltos increíbles, pero se pinchó luego. Imposible olvidar la de Básquetbol de mi hermana, que tenía todas las franjas de distintos colores, y que fue un orgullo dominar, porque cuando era más chica, era muy pesada para mi y no podía jugar con ella. Cuando logré tenerla bajo mi control, pasó a ser mi compañera de juegos durante por lo menos dos horas al día.
Y así podría seguir por mucho, pero MUCHO rato más, pero mejor dejarlo para la próxima Navidad, y así no escribo tanto. Así que ya saben cuáles son los mejores regalos para cuando tengan hijos, y para el
26 de enero que estoy de cumpleaños
ajwjawjajwjajwjajwjawaja
Y el título de la entrada obviamente no es porque hable de la nieve ni la Navidad gringa ni nada, pero es que asgkjadahjgadgajshajhdakd mi apellido es tan perfecto para ciertas ocaciones...

domingo, 24 de diciembre de 2006

Patente

Amo las patentes de los autos. Disfruto verlas y pensar palabras que tengan esas dos letras, frases inmovilizadas que empiecen con esas letras, iniciales de nombres, una palabra q empiece y termine con esas dos letras, juegos de palabras variados, lo que sea. También disfruto viendo los números. Aunque lo mío son las letras, adoro encontrar patentes con números capicúa (los que se leen igual en los dos sentidos). Por lo general me encantan los números capicúa, pero más en las patentes porque tienen cuatro dígitos y por dios que perfectos son cuando tienen cuatro dígitos. Obvio que es mucho más lindo 3443 que 44, porque aunque el 44 tb cumple con la regla, es un canapé dentro de los capicúas. Igual que los que tienen los cuatro números iguales. 4444, por ejemplo, tampoco es un número muy espectacular que digamos...
Pero más genial es cuando hay dos autos cuyas letras o numeros se relacionan, como cuando vi un auto con patente NX y otro, al lado, con patente WG (NIXON Y WATERGATE!!!!), o como cuando vi un auto con un número que no recuerdo y otro a su lado con el mismo número pero de derecha a izquierda, por lo que se formó un gran capicúa de ocho dígitos.
También soy una persona inmensamente feliz cuando en la misma patente hay una relación entre letras y números, como SJ 1988 (Súper Jesu 1988, el año que nací, jajajaja), y más cuando veo una patente que esperaba ver, que había imaginado previamente por su perfección, originalidad y maravilloso significado
Y eso fue lo que me pasó hace ya varios días, cuando vi la patente más esperada de todas, la Patente de las Patentes:
RB 2666
Desde entonces, sin duda, soy una persona muchísimo más feliz.
Mi hermana, obviamente, se fija en los números mucho más que yo. Se fija si los números son primos, los suma, resta, divide, multiplica y quién sabe si hasta saca raiz cuadrada, y al hacer operaciones busca si de alguna forma esos números se convierten en un número importante, como una fecha de cumpleaños o algo así. Siempre nos reímos de lo diferentes que somos y de cómo se nota en detalles como esos.
Otras patentes destacables que recuerdo son: Un escarabajo patente KF, muy kafkiano, un auto chiquitísimo con patente XL, GL 1111, el famoso primer auto de esta familia, en el que nunca anduve porque faltaban años para que naciera, pero que es constantemente recordado como el Gran Lujo (era una lata con el motor más chanta de aquellos años), LV 55 no-sé-qué-más, que espero sea desplazada algún día por la buscada LV 55 55, EG 1973 (El Golpe, claro está), y tantas más que por qué no anoté para no olvidarlas... Podría evaluar la posibilidad de tener un cuadernillo de patentes notables...
y FELIZ NAVIDAAAAAD !!!!

sábado, 16 de diciembre de 2006

Yo también escribo sobre Pinochet, señores.

Las salidas y el flojeo de las vacaciones me han hecho dejar bastante de lado este blog, por lo que no comenté en su momento la muerte de Pinochet. Tal vez fuera mejor, para así escribir con la cabeza un poco más fría, sin las primeras impresiones sobre su misma muerte y, en especial, sobre la reacción de los chilenos.
Las reacciones me parecieron bastante fuertes, por ambos lados. En primer lugar, celebrar con tanta alegría una muerte, satirizar, reírse de la situación, tirar un ataúd encendido al Mapocho, no son poca cosa. Y la pena de los pinochetistas, la rabia y la violencia contra quienes no piensan como ellos, me impactaron más que las celebraciones, quizás porque no estamos acostumbrados a que ese sector se manifieste masivamente, quizás porque comparto más las ideas del “otro bando”.
Y aunque crea que Pinochet es una figura bastante aborrecible y la verdad es que su muerte no me entristece en lo más mínimo, intento ser objetiva en mis pensamientos.
Primero, está el tema de los honores de estado. Comparto plenamente el que no se los hayan dado y me parece que los pinochetistas deberían comprenderlo e incluso apoyar la idea. Si lo que querían era honrarlo, darle una ceremonia “digna”, con los honores de estado no se hubiese logrado. Las protestas de los antipinochetistas hubiesen sido mayores, los medios hubiesen condenado la decisión, y durante la ceremonia hubiese habido faltas de respeto bastante mayores que el que la gente celebre en otros puntos de la ciudad. Porque, a pesar de que entiendo que se molesten con las celebraciones, al menos no las hubo en o cerca de la Escuela Militar o del Hospital Militar, y en ese sentido se respetó bastante el sentir de quienes lamentaron la muerte de Pinochet.
Además, aunque está claro que Pinochet fue jefe de estado, no hay consenso sobre si fue o no presidente de Chile. El gobierno no puede pasar eso por alto y permitir los honores, y el sector que creía que Pinochet los merecía, debe ser lo suficientemente maduro para entender la figura polémica, por decir lo menos, que es Pinochet, y que lo que ellos creen puede ser absolutamente discutido por otras personas, así como ellos discuten las ideas de otros.
Y aquí pasamos al segundo tema; la intolerancia de los pinochetistas. Como dije, entiendo que se molesten con las celebraciones, pero también deben entender lo que significa esta muerte, todo lo que representa la figura de Pinochet, y el dolor de todos quienes sufrieron tantas injusticias durante el gobierno militar. Me impresionó ver a tantas personas en las noticias que decían que “su general” estaría feliz de ver cómo todo Chile lo despide con profunda pena. ¿Cómo pueden creer que “todo Chile” son las personas que, efectivamente, lo despidieron así? Y todos los que celebraban, ¿no son chilenos? Cómo puede ser que la extrema derecha aún conserve esa ceguera, esa mentalidad de anular a todos los que piensan diferente. Esas son las personas que, cuando tienen mucho poder, cometen aberraciones como ocurrió en la dictadura.
Otro tema que me llama enormemente la atención es la visión de ambos sectores de que esta muerte puede ser el primer paso a la reconciliación y la paz. ¿De qué reconciliación hablan, si al prender la tele, en todos los canales la pantalla estaba dividida en dos? Por un lado, mostraban las imágenes de la Escuela Militar, y por otro, las de Plaza Italia. Uf, qué reconciliados (imposible no mencionar que SIEMPRE mostraban a los pinochetistas a la izquierda de la pantalla y a los comunistas y gente en general que celebraba, a la derecha....).
Es cierto que la muerte de Pinochet es significativa, y de alguna forma trae un ambiente de mayor tranquilidad, pero no hablemos aún de reconciliación. Respecto a lo mismo, también escuché muchas veces en la tele a personas que decían que esto marcaba el fin de una etapa, que ahora venía el entendimiento, que no habría más batallas entre diferentes sectores ideológicos. Pero las batallas siguen. Judicialmente ya no puede hacerse nada contra Pinochet, eso está más que claro, pero las familias de los detenidos desaparecidos seguirán pidiendo justicia por un buen rato más. La “paz” que veremos será sólo porque la batalla judicial ya no será tan mediática. Si todo eso salía en las noticias era por las implicaciones de la figura de Pinochet, pero ahora los “pequeños casos” ya no llamarán tanto la atención. No importa. No por eso hay que dejar de luchar, no por eso hay que conformarse con la mediocridad de la justicia.
Si esta muerte significa “paz”, es en la medida en que nos hace ver que el tiempo ha pasado. Apenas me enteré de lo que pasó, además de sorprenderme un poco, sentí cierto alivio. Ahora las cosas están cayendo en manos nuestras, de la generación de los menores de 20, más o menos, que aunque no somos ajenos a la dictadura a pesar de no haberla vivido o de vivirla sólo durante los primeros años de nuestras vidas, es obvio que tenemos otra visión de ese periodo. Las diferencias seguirán, porque de todas formas estamos hablando de algo muy reciente en nuestra historia y no puedo ni imaginar lo fuerte que debe ser saber que nuestros abuelos, padres o tíos fueron torturados, asesinados o exiliados. Así mismo, hay muchos jóvenes que vienen de familias pinochetistas que toda su vida han escuchado las peores cosas del gobierno de Allende y que celebran la figura de Pinochet como un gran libertador en vez de dictador, y no pueden hacer menos que agradecerle el haberles enriquecido con las privatizaciones. Hay mucha gente que cree que todos los errores del gobierno militar se justifican en pos del progreso económico, y aunque no estoy para nada de acuerdo, no puedo hacer otra cosa que respetar su visión.
Pero a pesar de las diferencias ideológicas, de que no somos lejanos ni ajenos a la dictadura, somos otra generación, tenemos también otras ideas, y lo más importante, es que creo que está en nuestras manos desarrollar una mayor tolerancia. Está bien, pensamos diferente, pero no por eso vamos a sacarnos los ojos, o vamos a negar los problemas del Chile actual, que son los que deberían interesarnos y los que debemos intentar solucionar con el mayor consenso posible, en lugar de quedarnos pegados en el pasado. Ojalá podamos cambiar un poco la idea actual de política, acercarnos un poquito que sea a los griegos y rescatar esas concepciones sobre lo que es la política, y desligarla de lo económico (en la medida que se pueda) y de la pesada carga que lleva cada ideología, porque en los años que llevamos como república, tantas cosas que han ocurrido nos llevan a pensar en los partidos y las ideologías según su participación en acontecimientos pasados. No digo que comencemos de cero, pero sí somos capaces de hacer cosas nuevas, de limpiarnos un poco la cabeza y, de una vez, pensar en un bien común que va más allá que decir que lo bueno para la gente es pensar de esta forma o de esta otra.
No puedo dejar de mencionar que al ver las noticias, ví a los pinochetistas gritanto, como siempre, "(...) VIVA CHILE PI-NO-CHET", pero no puedo ni describir la risa que me dio cuando escuché que a eso agregaron "¿y la señora Lucia? TAMBIÉN!". Jajajajajajajajajajajajaja
Y por último, un videito para que vean una notable frase de Pinochet. No se la pierdan.